literatura

   Carta para un viejo amor…


Nunca pensò escribir por èl, José Luis. Nunca pensò estar en la faena de llegar a su presencia,  por su punto: las letras. Se quiso tomar la molestia de contarle la experiencia anegada que dejò en su cuerpo y en su mente. Nunca se imaginò que Alecia un día iba a volver a sus sentidos, de manera sutil y seductora a través de la escritura, esa su gran pasión. Èl es un lingüista por excelencia. Tal vez nunca lleguarà a ser como èl;¡son como el agua y el aceite!, pero Alicia piensa guardar en su mente, quizás en el corazón, aquella clase impartida en aquella mañana de marzo...

Alicia le escribiò:

Llegaste a mí cuando menos necesitaba conocer el amor. Estaba en la fresca primavera de los dieciocho. Quería conocer el mundo, experimentar la madurez de los años; jugar a ser mariposa que adorna los rosales en el esplendor de la aurora; era  la ninfa bulliciosa que pretendía llamar la atención del hombre malo, aquel  que  aparecía cada mañana con su maletín, sus libros y cara de pocos amigos; ese que me infundía miedo y respeto, eso eras vos,  José Luis.

Jamás  pensé que una llamada de domingo, iba a encadenarme al espaldar de tu cama. La sorpresa de escuchar tu voz, -desconocida para ese entonces -me invadió la mentede planes; planes en los que te veía seducido por la belleza de mis pechos y las curvas de mi silueta delgada. Mi intención no era solo vivir la primera vez, con la experiencia de tu cuerpo. Aspiraba, también, enamorarte, quería llenarte no solo de pasión, sino de amor y ternura.Ansiaba que encontraras en mí lo que habías perdido años atrás. Pero todo repercutió alrevés. Me envolviste en un torbellino de palabras, me hiciste creer  lo imposible  y cedí  a cada deseo que tuviste, “esta relación es de ceder”, me pronunciaste.

Pasaban los meses y aun no me irritaba tu compañía, era evidente que ya estaba  incrustada en tu cuerpo y vos en el mío, José Luis. Me preguntaba a mi misma si era necesario contar las veces que había sido tuya, para sentirte parte de mi ser. Inmediatamente recordé la primera vez que sentí lujuria y morbo en tus brazos, la primera vez que me sentí mujer en un hombre, fue  extraño y excitante; ahí supe que nunca te dejaría.

Pero cambiaste el rumbo de este idilio, te encaprichaste con la Garza Morena, la mujer perfecta.  Nada te detendría, M-I-L-E-N-A, era  el antojo que apetecías degustar en ese tiempo, “ha caído mi rayo”, dijiste. Con  ese relámpago te nació la idea de nadar en dos ríos; uno ya conocido, te zambulliste en sus aguas vírgenes,disfrutaste en su manantial, gozaste en su tiempo, pero con el pasar de los meses te aburriste de penetrarlo y lo abandonaste;el otro era desconocido, escueto  y difícil de bracear, pero te empeñaste en cruzarlo, para sentir harto tu ego de macho. Pero al final no pudiste adentrarlo, ese río ya tenía dueño.

Pero  tus maquinaciones no resultaron exactas mi apreciado José Luis, tu Garza Morena se reveló en tu contra y le dio un golpe álgido a tu orgullo, a tu egoísmo, a tu ser; sentiste en carne viva, lo que yo sentí, con tu indiferencia, con tu engaño. Sentiste el ardor de tu propia mentira.

Fue inusitado tu adiós. Mi vida colapsó cuatro días; cuatro días te lloré, José Luis. Después  me propuse no hablarte, no verte;  sentía rabia y repugnancia cada vez que me figuraba las escenas de amor que disfrutabas en los atardeceres, en aquellas bancas universitarias, enamorando a tu "Garza Morena", brindándole el tiempo que a mí me negabas; susurrándole palabras que yo ansiaba escuchar; escribiéndole cartas, dedicándole poemas,que hubiese deseado consagraras para mi, pero nunca llegaron.

Aun no perdono, aun no olvido. Ahora mi futuro es incierto. Me dejaste baldía, sin amor; ya no creo en esas muestras literales que me enseñaste en clase. En ciertas ocasiones expresaste con seguridad que el amor no existe, no lo entendí en el momento, hasta hoy comprendo tu filosofía. Sos demasiado mentiroso, sos un egoísta por excelencia, ¿Cómo puedes amar a otra persona que no seas vos mismo?, no José Luis, no podés, ni podrás.

Sigo adelante, he continuado viviendo sin vos; pensé que no lo iba a lograr, pero  he confrontado con  rigidez  al desamor. Sobreviví una hora, un día, una semana, un mes; es posible que logre sobrellevar tu ausencia durante toda una vida.

¡Hasta pronto, José Luis!

“Acúrdate de mi, siempre tuya… Alicia”




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