Karen Zamora
La tarde en
que el doctor le sugirió a Iván Téllez
que debía internarse en el hospital, él renegó, se hizo el fuerte, el sano.
Presentía que no iba a salir vivo de ahí. Cinco días después, su temor y su
afirmación se cumplieron. Apenas tenía 21 años y toda su trayectoria como futuro
abogado naufragaron en el estrépito de su muerte.
Esta es la
historia de los últimos días de su existencia, de su perseverancia en esta vida
y de su esfuerzo por sobresalir en todos los ámbitos. De enfermo crónico a
monaguillo, del mejor estudiante de secundaria a al excelente alumno de su
facultad de Derecho, ese era Téllez, quien dejó su impronta en los amigos que
junto a él estudiaron por cuatro años en la UCA.
Su vida
transcurrió entre la inverosimilitud y el esfuerzo, mismo que comenzó desde el
principio de su existencia, el 15 de noviembre de 1989. Cuando nació, los
doctores le informaron a su madre que padecía una enfermedad que afecta a uno de
cada 100 mil habitantes, la Dermatitis Atópica. Ivancito era esa persona.
Su primer día
sobre la tierra también se convirtió en el principio en su desdicha. Y así
transcurrieron sus años. Desde pequeño sabía de su padecimiento y lo enfrentó
con la madurez aprendida de sus mayores. Iván sabía que moriría pronto, pero no
tanto.
El querer es poder…
Las
posibilidades de asistir a la escuela eran mínimas, “yo pensé que nunca iría a
la escuela” –dijo su abuela, Vilma Bonilla, “pero gracias a Dios y la santa
virgen una profesora que vivía cerca de la casa se las proporcionó”, Ivancito
recibe su primera lección de clase a la edad de 8 años. ¨Su hijo es de los mejores¨,
le dijeron a su abuela, inmediatamente de hacer el examen de admisión en el
Instituto Juan Pablo Segundo, aprobando con todos los honores. Desde entonces
se destacó no solo en su sección, sino en el colegio entero, que lo envió a las
Olimpiadas nacionales de Ortografía y Educación en la fe. Iván forzaba su
camino; Cuando aprobó su secundaria con las mejores notas, tenía la idea de ser
sacerdote, por eso se convirtió en el monaguillo predilecto. Luego estudió
Derecho, por su afinidad con la iglesia.
Entonces fue
cuando llegaron a visitar el colegio las promotoras de la
UCA. La razón por la que lo becaron fue
sencilla: Téllez era el mejor alumno. El niño rosado de piel, el monaguillo por
decisión propia quería, ahora, ser abogado con especialidad en Derecho canónico. Todos lo apoyaron.
Iván era
responsable en sus clases, “no le gustaba faltar, ni llegar tarde”, dijo su
abuela recordando lo ajetreado que era para ella asistir todos los días a clases con él. “Dios
nos ayudó en todo momento, siempre hubieron personas que nos apoyaron
económicamente a pesar de nuestras necesidades”, comentó. También confesó que
el vivas monaguillo, lloraba cuando sacaba calificaciones de 70 puntos, y
decía: “la peor vergüenza del ser humano, es ser un mal estudiante”, por ellos
se esforzó por ser el mejor y lo logró.
Iba a la
universidad con todas las ganas de aprender. Con todas las ganas de triunfar.
Según Elisa Mallorquín, compañera de clases, ¨Ivancito era un estudiante duro
en sus actitudes, pero afable en las materias. Ayudaba al que le pedía
consejos. Era muy maduro, a pesar de su edad. Era un estudiante de verdad. Lo extraño¨.
La despedida llego…
Después de 21
años de luchar contra su enfermedad, el 16 de marzo de 2011, Iván Téllez se
rindió a la muerte, no de manera cobarde, sino con valentía y con fervor a su
fe católica, su abuela estuvo con él en todo el proceso, aprovechando los
últimos instantes, con el que consideró su hijo. “fue duro para mi, era mi hijo
el que estaba a punto de morir”, dijo con tristeza en su rostro, mientras
brotaba un manantial de lagrimas en sus ojos color plomos.
El martes 15,
un día antes de su muerte, su abuela se despidió de él, -lo quedé viendo y le
dije “Ivancito vamos a hablar con
sinceridad, hemos sido pegados, casi dos en uno, pero llegó el momento de la
separación, te entrego Dios y al virgen”, -él me quedó viendo y me dijo:”yo
también la entrego a la santa trinidad y la virgen, usted no queda sola, Dios
estará siempre con usted” – en ese momento lloré amargamente y lo abracé.
El día de su
muerte Iván Téllez, vivió la mayor experiencia espiritual de su vida, “lo que tanto había anhelado” expresó su abuela, pues entrego su alma a Dios
hablando en otras lenguas desde las 3:00 am hasta las 9:40 am – las hablaba con
voz tierna, como cuando tenia 9 años –Bonilla tratando de cesar el llanto, y
después 20 minutos a las 10:00 am, murió.
Un consuelo Sobrenatural
Al momento de
su muerte su abuela estaba con él, lo tocó y de inmediato se dio cuenta que su
hijo había partido al cielo y quedó en silencio en aquel cuarto frio que
destilaba tristeza –yo no quería
aceptarlo, quería ignorar su fallecimiento. Pasaron 10 minutos después de su
último suspiro, cuando llegó la Doctora Nava, y supo que había muerto, de
inmediato llamó al doctor y me sacó del cuarto, -contó con el dolor aun vigente
en su corazón.
Vilma Bonilla
recibió fuerzas sobrenaturales, reaccionó de manera tranquila, según ella
sintió “paz en su corazón” –yo pensé que me iba a morir cuando llegara ese
momento, pero fue todo lo contrario, me aferré a Dios y a la virgen y de ellos
recibí las fuerzas, en ese instante sentí que mi Ivancito estaba en el cielo
–dijo con eterno consuelo.
