domingo, 15 de julio de 2012

La vida posible de Iván


Karen Zamora

La tarde en que el doctor le sugirió a Iván  Téllez que debía internarse en el hospital, él renegó, se hizo el fuerte, el sano. Presentía que no iba a salir vivo de ahí. Cinco días después, su temor y su afirmación se cumplieron. Apenas tenía 21 años y toda su trayectoria como futuro abogado naufragaron en el estrépito de su muerte. 

Esta es la historia de los últimos días de su existencia, de su perseverancia en esta vida y de su esfuerzo por sobresalir en todos los ámbitos. De enfermo crónico a monaguillo, del mejor estudiante de secundaria a al excelente alumno de su facultad de Derecho, ese era Téllez, quien dejó su impronta en los amigos que junto a él estudiaron por cuatro años en la UCA.

Su vida transcurrió entre la inverosimilitud y el esfuerzo, mismo que comenzó desde el principio de su existencia, el 15 de noviembre de 1989. Cuando nació, los doctores le informaron a su madre que padecía una enfermedad que afecta a uno de cada 100 mil habitantes, la Dermatitis Atópica. Ivancito era esa persona.

Su primer día sobre la tierra también se convirtió en el principio en su desdicha. Y así transcurrieron sus años. Desde pequeño sabía de su padecimiento y lo enfrentó con la madurez aprendida de sus mayores. Iván sabía que moriría pronto, pero no tanto.  

El querer es poder…

Las posibilidades de asistir a la escuela eran mínimas, “yo pensé que nunca iría a la escuela” –dijo su abuela, Vilma Bonilla, “pero gracias a Dios y la santa virgen una profesora que vivía cerca de la casa se las proporcionó”, Ivancito recibe su primera lección de clase a la edad de 8 años. ¨Su hijo es de los mejores¨, le dijeron a su abuela, inmediatamente de hacer el examen de admisión en el Instituto Juan Pablo Segundo, aprobando con todos los honores. Desde entonces se destacó no solo en su sección, sino en el colegio entero, que lo envió a las Olimpiadas nacionales de Ortografía y Educación en la fe. Iván forzaba su camino; Cuando aprobó su secundaria con las mejores notas, tenía la idea de ser sacerdote, por eso se convirtió en el monaguillo predilecto. Luego estudió Derecho, por su afinidad con la iglesia.

Entonces fue cuando llegaron a visitar el colegio las promotoras de la UCA. La razón por la que lo becaron fue sencilla: Téllez era el mejor alumno. El niño rosado de piel, el monaguillo por decisión propia quería, ahora, ser abogado con especialidad en Derecho  canónico. Todos lo apoyaron.

Iván era responsable en sus clases, “no le gustaba faltar, ni llegar tarde”, dijo su abuela recordando lo ajetreado que era para ella  asistir todos los días a clases con él. “Dios nos ayudó en todo momento, siempre hubieron personas que nos apoyaron económicamente a pesar de nuestras necesidades”, comentó. También confesó que el vivas monaguillo, lloraba cuando sacaba calificaciones de 70 puntos, y decía: “la peor vergüenza del ser humano, es ser un mal estudiante”, por ellos se esforzó por ser el mejor y lo logró.

Iba a la universidad con todas las ganas de aprender. Con todas las ganas de triunfar. Según Elisa Mallorquín, compañera de clases, ¨Ivancito era un estudiante duro en sus actitudes, pero afable en las materias. Ayudaba al que le pedía consejos. Era muy maduro, a pesar de su edad. Era un estudiante de verdad. Lo extraño¨.

La despedida llego…

Después de 21 años de luchar contra su enfermedad, el 16 de marzo de 2011, Iván Téllez se rindió a la muerte, no de manera cobarde, sino con valentía y con fervor a su fe católica, su abuela estuvo con él en todo el proceso, aprovechando los últimos instantes, con el que consideró su hijo. “fue duro para mi, era mi hijo el que estaba a punto de morir”, dijo con tristeza en su rostro, mientras brotaba un manantial de lagrimas en sus ojos color plomos.

El martes 15, un día antes de su muerte, su abuela se despidió de él, -lo quedé viendo y le dije “Ivancito vamos a  hablar con sinceridad, hemos sido pegados, casi dos en uno, pero llegó el momento de la separación, te entrego Dios y al virgen”, -él me quedó viendo y me dijo:”yo también la entrego a la santa trinidad y la virgen, usted no queda sola, Dios estará siempre con usted” – en ese momento lloré amargamente y lo abracé.

El día de su muerte Iván Téllez, vivió la mayor experiencia espiritual de su vida,  “lo que tanto había anhelado” expresó  su abuela, pues entrego su alma a Dios hablando en otras lenguas desde las 3:00 am hasta las 9:40 am – las hablaba con voz tierna, como cuando tenia 9 años –Bonilla tratando de cesar el llanto, y después 20 minutos a las 10:00 am, murió.

Un consuelo Sobrenatural

Al momento de su muerte su abuela estaba con él, lo tocó y de inmediato se dio cuenta que su hijo había partido al cielo y quedó en silencio en aquel cuarto frio que destilaba  tristeza –yo no quería aceptarlo, quería ignorar su fallecimiento. Pasaron 10 minutos después de su último suspiro, cuando llegó la Doctora Nava, y supo que había muerto, de inmediato llamó al doctor y me sacó del cuarto, -contó con el dolor aun vigente en su corazón.

Vilma Bonilla recibió fuerzas sobrenaturales, reaccionó de manera tranquila, según ella sintió “paz en su corazón” –yo pensé que me iba a morir cuando llegara ese momento, pero fue todo lo contrario, me aferré a Dios y a la virgen y de ellos recibí las fuerzas, en ese instante sentí que mi Ivancito estaba en el cielo –dijo con eterno consuelo.

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