*Recién nacido prematuro nace en excelentes
condiciones, a pesar de su gravedad.
Nacimiento de bebé cambia noche
rutinaria en Hospital Alemán nicaragüense
Karen Zamora
-La misma rutina…-dijo el Doctor Cruz-todas las
noches es lo mismo, locos que por tomar alcohol o drogarse pierden la vida y si
no la pierden al menos nos dan mucho
trabajo al atenderlos. Un gran silencio invadió la sala de emergencia, con
costo los ruidos de los motores de los aires acondicionados y los pasos de
doctores y enfermeras, le daban señales de vida al Hospital Alemán
nicaragüense.
De pronto el silencio se espumó, con los gritos de María
Martínez, que gemía de fatales dolores de parto, llegó acompañada de su esposo
Guillermo Vargas. María Martínez iba a dar a luz a su primer hijo y como toda
primeriza, estaba asustada y desesperada por las fuertes contracciones que cada
vez se hacían mas fuertes, –ya no aguanto -le dijo a su esposo-siento que me
voy a desmallar del dolor, ya quiero que
nazca. Guillermo Vargas, agobiado de oír
los quejidos de su esposa se sentó en una de las bancas que estaba en la sala,
bajó el rostro y se agarró la cabeza, mientras María Martínez era llevada a la
sala de maternidad por dos enfermeras, ambas altas y de edad avanzada, como de
unos cuarenta años.
Volvió el silencio a la sala. Guillermo Vargas se
levantaba a cada momento para ver si
traían noticias de María Martínez y de su hijo, que aun no estaba nacido; se
fue por diez minutos a llamar por teléfono a su suegra Amanda Vanegas, y
mientras hablaba con ella hacia gestos de desesperación con las manos y el
rostro, y de sus ojos caían lagrimas. Él se encontraba desesperado porque María
Martínez tenía siete meses de embarazo y el bebé tenia el cordón umbilical
enredado en el cuello y estaba en grave peligro.
Nacimiento
satisfactorio…
Después de dos horas de espera se apreció un doctor
alto, vestido del típico atuendo de médico, con tenis blanco algo sucio; Guillermo
Vargas se levantó de prisa y caminó,
casi corriendo hacia él, con los ojos aun llorosos, -¿ya nació?, ¡dígame por
favor! -le preguntó, tartamudeando de los nervios –si –le contestó el doctor –y
la muchacha esta bien, la sometimos a
una cesaría por la gravedad del caso, de no haberse atendida a tiempo el niño
hubiese muerto asfixiado. Guillermo Vargas
sonrió, le dio gracias a dios y de inmediato llamó a su suegra Amanda Vanegas, ya con un rostro
diferente, reflejando la gran alegría que llevaba por dentro, como si
hubiese ganado el premio mayor de la lotería – ¡ya nació suegra! ya nació tu
nieto Isaac –expresó con mucho orgullo – ya
soy papa y la María está bien – le dijo.
A la hora llegó Amanda Vanegas en un taxi, cargando
un bolso celeste con estampados de ositos, que llevaba dentro ropa para el
bebé, pachas, pañales, ente otros utensilios. Guillermo Vargas salió a recibir
a su suegra quien también compartía la alegría del nacimiento de Isaac y empezó
a contarle la terrible experiencia que vivió esa noche con María Martínez.
Después volvió a aparecer el doctor que atendió a María
y le preguntó a Amanda Vanegas -¿usted es la mamá de María? -si doctor, ¿puedo pasar a verla? –si claro,
ella necesita ropa para el niño, venga conmigo. Y se fue Amanda Vanegas con
aquel doctor que a su lado se miraba pequeñita. Guillermo Vargas quedo dando
vueltas en toda la sala, ansioso por conocer a su hijo.
Familia
celebra el nacimiento.
A rato apreció la madre de Guillermo Vargas doña
Reina Cortedano y sus dos hermanas Olga y Dinora Vargas, quienes llegaron
ansiosas a saber del nacimiento del niño. Guillermo Vargas salió a encontrarlas contento –ya nació mama, todo
salió bien, doña Amanda está con ella –les dijo, su madre lo abrazó y lo
felicitó, lo mismo hicieron sus hermanas – ¿y cuando la dan de alta? –Le
preguntó Reina Cortedano, ansiosa –no sé, aun no lo ha dicho el doctor, espero
que sea mañana -dijo.
Y volvió el silencio en aquella sala de emergencia,
fría como la morgue misma, donde lo único que se escuchaba era el ruido de los
motores de los aires acondicionados y el caminar de los doctores y enfermera,
porque todos dormían a acepción de Guillermo Vargas, su madre Reina Cortedano y
sus hermanas Olga y Dinora Vargas, quienes esperaban conocer pronto al pequeño
Isaac.
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