lunes, 16 de abril de 2012


*Recién nacido prematuro nace en excelentes condiciones, a pesar  de su gravedad.

 Nacimiento de bebé cambia noche rutinaria en Hospital Alemán nicaragüense

 


Karen Zamora

-La misma rutina…-dijo el Doctor Cruz-todas las noches es lo mismo, locos que por tomar alcohol o drogarse pierden la vida y si no la pierden al  menos nos dan mucho trabajo al atenderlos. Un gran silencio invadió la sala de emergencia, con costo los ruidos de los motores de los aires acondicionados y los pasos de doctores y enfermeras, le daban señales de vida al Hospital Alemán nicaragüense. 

De pronto el silencio se espumó, con los gritos de María Martínez, que gemía de fatales dolores de parto, llegó acompañada de su esposo Guillermo Vargas. María Martínez iba a dar a luz a su primer hijo y como toda primeriza, estaba asustada y desesperada por las fuertes contracciones que cada vez se hacían mas fuertes, –ya no aguanto -le dijo a su esposo-siento que me voy  a desmallar del dolor, ya quiero que nazca. Guillermo Vargas, agobiado  de oír los quejidos de su esposa se sentó en una de las bancas que estaba en la sala, bajó el rostro y se agarró la cabeza, mientras María Martínez era llevada a la sala de maternidad por dos enfermeras, ambas altas y de edad avanzada, como de unos cuarenta años.

Volvió el silencio a la sala. Guillermo Vargas se levantaba  a cada momento para ver si traían noticias de María Martínez y de su hijo, que aun no estaba nacido; se fue por diez minutos a llamar por teléfono a su suegra Amanda Vanegas, y mientras hablaba con ella hacia gestos de desesperación con las manos y el rostro, y de sus ojos caían lagrimas. Él se encontraba desesperado porque María Martínez tenía siete meses de embarazo y el bebé tenia el cordón umbilical enredado en el cuello y estaba en grave peligro.


Nacimiento satisfactorio…

Después de dos horas de espera se apreció un doctor alto, vestido del típico atuendo de médico, con tenis blanco algo sucio; Guillermo Vargas  se levantó de prisa y caminó, casi corriendo hacia él, con los ojos aun llorosos, -¿ya nació?, ¡dígame por favor! -le preguntó, tartamudeando de los nervios –si –le contestó el doctor –y la muchacha  esta bien, la sometimos a una cesaría por la gravedad del caso, de no haberse atendida a tiempo el niño hubiese muerto asfixiado. Guillermo Vargas  sonrió, le dio gracias a dios y de inmediato llamó  a su suegra Amanda Vanegas, ya con  un rostro  diferente, reflejando la gran alegría que llevaba por dentro, como si hubiese ganado el premio mayor de la lotería – ¡ya nació suegra! ya nació tu nieto Isaac –expresó con mucho orgullo – ya  soy papa y la María está bien – le dijo.

A la hora llegó Amanda Vanegas en un taxi, cargando un bolso celeste con estampados de ositos, que llevaba dentro ropa para el bebé, pachas, pañales, ente otros utensilios. Guillermo Vargas salió a recibir a su suegra quien también compartía la alegría del nacimiento de Isaac y empezó a contarle la terrible experiencia que vivió esa noche con María Martínez.

Después volvió a aparecer el doctor que atendió a María y le preguntó a Amanda Vanegas -¿usted es la mamá de María?  -si doctor, ¿puedo pasar a verla? –si claro, ella necesita ropa para el niño, venga conmigo. Y se fue Amanda Vanegas con aquel doctor que a su lado se miraba pequeñita. Guillermo Vargas quedo dando vueltas en toda la sala, ansioso por conocer a su hijo. 

Familia celebra el nacimiento.

A rato apreció la madre de Guillermo Vargas doña Reina Cortedano y sus dos hermanas Olga y Dinora Vargas, quienes llegaron ansiosas a saber del nacimiento del niño. Guillermo Vargas salió  a encontrarlas contento –ya nació mama, todo salió bien, doña Amanda está con ella –les dijo, su madre lo abrazó y lo felicitó, lo mismo hicieron sus hermanas – ¿y cuando la dan de alta? –Le preguntó Reina Cortedano, ansiosa –no sé, aun no lo ha dicho el doctor, espero que sea mañana -dijo.

Y volvió el silencio en aquella sala de emergencia, fría como la morgue misma, donde lo único que se escuchaba era el ruido de los motores de los aires acondicionados y el caminar de los doctores y enfermera, porque todos dormían a acepción de Guillermo Vargas, su madre Reina Cortedano y sus hermanas Olga y Dinora Vargas, quienes esperaban conocer pronto al pequeño Isaac.








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